Lírica

La Calaca golosa
Por:
Karime Itzel Camarillo Jimenez 
Jonathan Martínez Sánchez 
Emmanuel Ruiz Cruz 
La Calaca llegó a la prepa,
como un día cualquiera caminando chueca, 
pasó por un salón y vio un profesor alto y barbón 
que al explicar parecía todo un bombón.


La Huesuda impactada quedó 
al ver cómo su clase impartió,
pero más se impresionó
al ver que otra lengua habló. 


Decidió empezar a avanzar 
para dejar de babear,
por una ventana escuchó algo peculiar,
un maestro que con groserías le gustaba enseñar. 


Criticar a la sociedad era su especialidad, 
aunque dejaba ensayos sin utilidad, 
en sus exámenes decía que no echaran rollo 
y por eso la Flaca lo quería arrastrar al hoyo. 


La Catrina quedó indecisa de a quién se llevaba 
porque uno era guapo y el otro gracia daba, 
al final la Tilica al teacher David jaló 
y a Balderas otra oportunidad le dio. 


Cabeza de trapeador




Por:
Velázquez López M. Zarai
Letras González María del Cielo
Maldonado Centeno Luisa Fernanda




    En una noche obscura de noviembre
a la hora en que todos duermen,
Tochimani preparaba su examen
para que a los estudiantes el terror se siembre.

Luego de muchas horas de trabajo arduo,
su examen al final tenía preparado,
pero esa misma noche sería castigado
pues la muerte misma había llegado.

Frente a frente no dejaban de mirarse,
mientras Tochimani comenzaba a tambalearse,
tanto miedo sentía como para desmayarse,
pero al momento juntó valor para pronunciarse.

¿Cómo te atreves a aterrar a un profesor?
La muerte no se molestó, e incluso lo perdonó.
Al despedirse dijo, olvide que hoy jugaré dominó,
por tu valor te dejaré vivir cabeza de trapeador.


A Balderas
Por:
María Soledad Perez Trejo
Nayelli Báez Jiménez
Xiadani Sánchez Moreno

Balderas su clase estaba dando 
cuando Nexcua a la Calaca llamó.
Todos los alumnos están rumorando, 
este mi profe, ya se peló.

La noticia pronto llegó
a las afueras del panteón
y sin dudarlo susurró,
ahí voy por el burlón.

Entonces la Huesuda entra
con prisa a buscar
a aquel que ahora se encuentra
temblando sin cesar.

Lo haya tomando unas frías 
para parar el temblor.
¡Ey, Tilica! ¿Qué me espías? 
Enfrentame ven, ten el valor.

No sé por qué te confías, 
deberías ya callar
que por tus palabrerías 
te voy a llevar.

Él astuto de profesión 
en seguida le preguntó:
¿Vamos a echar pasión?,
y sin dudar aceptó.

Ambos felices se encuentran, 
Luis aprendió la lección,
a otros ahora muestran
que tiene buen corazón.


Sonetos de la muerte I
Gabriela Mistral
Camarillo Jimenez Karime Itzel


Soneto Venus
Autor: Ruben Dario
https://www.youtube.com/watch?v=J_R7CRD1vvo&feature=youtu.be
Alumna: Velazquez Lopez Matea Zarai







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